En Mateo 28:18–19, Jesús dice: “Por tanto, id y haced discípulos”, donde en el texto en griego se lee literalmente: “mientras vas, haz discípulos”. La forma participial del verbo “ir” supone que los creyentes irán hacia el mundo, y el punto es que mientras vamos, debemos estar haciendo discípulos. ¿Disminuye esto la fuerza del mandato de ir, como algunos lo han supuesto? Por el contrario, en cierta forma esto fortalece el llamado al evangelismo intencional, ya que indica que todos los verdaderos creyentes estarán yendo por los perdidos como fruto inevitable de haber nacido de nuevo. Jesús supone que Su pueblo estará alcanzando a los no cristianos, y luego Él sigue diciéndoles como lo deben hacer.1

La iglesia debiera estar “yendo.” No esperemos que lleguen los que andan buscando – nosotros, como Jesús, vamos a ir a “buscar y salvar a los perdidos.” Jesús vino al mundo a buscarnos; nosotros vamos a ir al mundo a buscarlos. Y las Escrituras nos dicen bastante acerca de cómo debiera ser este evangelismo.
Evangelismo intencional. Nuestro evangelismo debiera ser intencional. No podemos sencillamente quedarnos sentados y esperar que lleguen los no creyentes hacia nosotros o que comiencen las conversaciones con nosotros sobre temas espirituales. Y yo diría que mientras más tiempo alguien ha sido cristiano, más intencional debiera ser el evangelismo, ya que no es algo tan natural en los cristianos más antiguos como lo es en los nuevos cristianos. ¿Se ha dado cuenta que los nuevos cristianos son los que más almas llevan a Cristo? Eso se debe a que todavía están maravillados con la gracia de Dios y porque tienen muchos amigos y conocidos que no son creyentes.
Me acuerdo cuando recién me convertí, tenía un amigo al que conocía por muchos años llamado Larry. Me preguntaba cómo le iba a decir sobre mi nueva fe, y el Señor contestó mi oración un día cuando mi esposa y yo nos encontramos con él en el estacionamiento de autos de una tienda. Mientras estábamos sentados en el auto, tenía mi puerta abierta y Larry se dio cuenta que tenía una Biblia en mi auto y me preguntó al respecto. Yo le dije que me había convertido a Cristo y comencé a decirle toda la larga historia mientras seguíamos sentados en nuestros autos. Sin embargo, mientras más le compartía, más se movía su auto hacia adelante y muy pronto ¡ya se había ido! Me acuerdo haber pensado que no habría forma en que Larry llegara a convertirse a Cristo, ya que mi técnica evangelística había sido tan patética. Me di vuelta hacia donde estaba mi esposa y le pregunté qué pensaba de cómo lo había hecho; su respuesta fue: “No muy bien.”
Pero dos semanas más tarde una señora corrió hacia donde yo estaba en un restaurante y me abrazó, diciendo: “¡Harry Reeder, simplemente lo amo!” Recién me había casado con Cindy y repentinamente me pregunté si esta señora había sido una “¡aventura del pasado!”. Me di vuelta y para mi alivio, se trataba de la madre de Larry. Me contó que Larry se había convertido al Señor hacía poco, que había ido a la iglesia esa semana y que había entregado su vida a Cristo. Le pregunté si tenía algo que ver con lo que yo le había dicho en el auto hacía dos semanas. Ella contestó: “No, lo que tú le dijiste no le quedó muy claro. Pero se dio cuenta que si podía cambiar tanto a alguien como tú, él lo quería averiguar.”
El testimonio de los nuevos creyentes tiene ese tipo de poder gracias a la transformación en sus vidas que se está llevando a cabo en frente de sus amigos y familiares. Sin embargo, después que hemos sido cristianos por un tiempo, debemos hacer mayores esfuerzos para encontrar maneras para compartir el evangelio con otros. Después de ser cristianos por un tiempo, podemos “acostumbrarnos” al evangelio, en vez de dejarnos maravillar por él; además la mayoría de nuestros amigos son cristianos ahora. ¿Cuál es la respuesta? Siga maravillado por el evangelio y busque intencionalmente las relaciones con los perdidos para que les pueda compartir el evangelio.
Evangelismo continuo. Recuerde también que el evangelismo es un proceso. La conversión es un evento que sucede una vez, pero los pasos que llevan a eso normalmente toman largo tiempo. Anime a las personas en su iglesia, recordándoles que a veces estamos plantando, a veces estamos regando, a veces estamos cultivando y a veces estamos cosechando. Siempre es un proceso. Todavía no he guiado a nadie a Cristo en que haya sido la primera vez que alguien le haya hablado sobre Jesús. En cada caso, alguien ya les había hablado; alguien había orado por ellos; las semillas ya habían sido plantadas.
Evangelismo confrontacional. El evangelismo debe ser confrontacional. Es bueno construir relaciones con los no creyentes, como muchos lo han señalado, pero en algún momento se les debe decir que son pecadores que van a terminar en el infierno a menos que vengan a Jesús. Por supuesto, debemos comunicar estas verdades de la mejor manera, con amor y cortesía y con el mayor tacto que permita el tema (Efesios 4:15; Col. 4:6). Pero tenemos que decirles la verdad, y tarde o temprano eso va a ser confrontacional.
Me preocupa que a veces cuando los cristianos hablan del “evangelismo de la amistad”, se refieran a hacerse de amigos de las personas sin nunca decirles del evangelio. Debemos recordar que la “fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Rom. 10:17). La gente nunca vendrá a Cristo a menos que oiga el mensaje. Por lo tanto, hágase amigo de las personas, de todas maneras. Trate con dignidad a las personas; trate con respeto a las personas; escúchelas; hable con ellas de lo que les interesa; desarrolle la relación pero comparta el evangelio. Y recuerde que el punto del evangelio no es hacerse de un amigo. El punto es ayudar a que las personas se hagan amigas de Jesús.
Evangelismo creativo. El evangelismo también debe ser creativo y capaz de hacernos reflexionar. Es un desafío emocionante y con tantas recompensas cuando descubrimos cómo conectarnos con los no creyentes. Por ejemplo, me gusta usar mi pasión por el golf como un medio para la evangelización. Una vez estaba jugando golf y le pregunté a uno de los que estaba jugando conmigo, y que no era creyente, en qué trabajaba. Me contestó y luego me preguntó: ¿Y tú? A lo que le respondí: “Tengo un trabajo maravilloso. Mi jefe siempre está contratando a alguien y nunca los despide una vez que han sido contratados. Tengo seguridad laboral completa y los beneficios van más allá de este mundo.” Por un momento el hombre me miró con extrañez y luego me dijo: “¿Qué, eres pastor?”. No lo dejé perplejo como lo había imaginado pero sí tuve la oportunidad de compartirle de Cristo.
Una de las razones por las que he estudiado las vidas de hombres cristianos como Robert E. Lee, George Washington Carver, Teddy Roosevelt, Booker T. Washington y Stonewall Jackson es que me permite conectarme con las personas en el mundo y compartirles el evangelio. Normalmente recibo invitaciones para dar charlas sobre esos hombres. Por ejemplo, una vez recibí una invitación para dar una charla en una sociedad genealógica sobre el árbol familiar de Lee. La mayoría de las personas ahí eran mormones. Durante la sesión de preguntas y respuestas, alguien hizo una pregunta sobre la “vida espiritual” de Lee, a lo que pude explicar su compromiso con Cristo y el impacto que tuvo en su vida.
Cualquier cristiano puede encontrar algo en común con los no creyentes o que sea de interés para ellos. Si usted no tiene ya algo como eso, puede dedicar aproximadamente veinte minutos al día para transformarse en un experto en algo que abra las puertas para el evangelismo. Puede que sea el jardín, el tenis, el cine o muchas otras cosas; pero lo importante es que descubra maneras creativas para comunicar el evangelio.
Evangelismo en forma de diálogo. El evangelismo debiera ser un diálogo. La mejor comunicación personal es la recíproca, por lo tanto, aprenda a hacerles preguntas a las personas. Usted puede descubrir dónde están espiritualmente y las puede desafiar a que piensen en su fe con preguntas como las que sugiere el Evangelismo Explosivo. Les puede preguntar: “Si te murieras esta noche, ¿sabes dónde te irías?” Y si responden: “Al cielo”, pregúnteles: “¿Por qué?” Otra buena pregunta es: «Si te murieras esta noche y te presentaras delante de Dios y Él te preguntara: “¿Por qué te debo dejar entrar al cielo?”, ¿Qué le dirías?» Ambas preguntas llegan al centro del tema que usted quiere conversar con ellos: ¿Sobre qué fundamento podemos tener una relación con Dios? La utilización de un programa como el del Evangelismo Explosivo le ayudará a que las personas de su iglesia superen sus temores de la evangelización y las equipará con algunas herramientas básicas para que las usen mientras están “yendo.”
Evangelismo multifacético. Por último, el evangelismo en la iglesia necesita ser multifacético, no de un solo programa. Si bien el Evangelismo Explosivo es bueno, usted también debe contar con otras formas de evangelismo. Algunas posibilidades incluyen los eventos especiales, ministerios de misericordia que cuenten con una manera de compartir el evangelio, la planificación para que asistan los no creyentes durante la Navidad y la Semana Santa, y ministerios musicales como… mencioné anteriormente. Mientras más diversifique sus inversiones en el evangelismo, más rentables resultarán ser.///////.
Fuente: Harry L. Reeder III y David Swavely, De las Brasas a las Llamas: La Forma en que Dios puede Revitalizar Su Iglesia, trad. Luigina Pedrotti Johnson, Primera Edición (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2004), 173–178.
1 Me doy cuenta de que Jesús sabía que los discípulos iban a ser dispersos a través del mundo como resultado de la persecución y destrucción de Jerusalén en el 70 A.D. Sin embargo, no creo que se haya referido solamente a ese “Id”, porque la iglesia ciertamente esparció la Palabra a través de todo Israel e incluso envió misioneros a las naciones gentiles antes de haber sido dispersos por esos eventos. Por lo tanto, Jesús se estaba refiriendo principalmente al “Id” del evangelismo y de las misiones.











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