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¿QUÉ SIGNIFICA SEGUIR A JESÚS?

DEBEMOS VER LO QUE IMPLICA EL SEGUIR A JESUS

(a) Seguir a Jesús implica calcular el costo. En Lc. 9:59, 61, Jesús da la impresión de no aceptar que alguien le siga hasta que él no hubiera estado absolutamente seguro de que la persona sabía a lo que se comprometía. Jesús no quiere que nadie le siga con falsas apariencias, ni acepta un servicio ofrecido por pura emotividad, imponderado, pues la duración del mismo sería ínfima.

(b) Seguir a Jesús implica sacrificio. Repetidamente se destaca lo que las personas dejaron por seguir a Jesús (Lc. 5:11; Mt. 4:20, 22; 19:27). Lo que a nosotros nos interesa percibir de aquí es que seguir a Jesús nos compromete a lo que hoy se llama un trabajo permanente. Pero, en nuestro caso, se da la diferencia de que seguir a Jesús implica servirle en nuestro trabajo, y no dejando nuestro trabajo. En muchos casos, sería más fácil esto último, pero nuestro deber es testificar de Jesús allá donde él nos haya puesto.

(c) Seguir a Jesús implica una cruz (Mt. 16:24; cf. Mr. 8:34 y Lc. 9:23). La razón de esta implicación es que ningún hombre puede seguir a Jesús y, a la vez, hacer lo que guste. Seguir a Jesús puede bien significar el sacrificio de los placeres, hábitos, aspiraciones y ambiciones que componen la trama de nuestras vidas. El seguir a Jesús implica este actor de renuncia—y, renunciar, nunca es fácil.

DEBEMOS VER LO QUE DA EL SEGUIR A JESUS

En esta línea, hay dos grandes promesas en el Cuarto Evangelio.

(a) Seguir a Jesús significa no andar en tinieblas, sino en luz (Jn. 8:12). Cuando un hombre se conduce sólo por sus medios, fácilmente se pierde en las tinieblas de la incertidumbre, y puede terminar en las tinieblas del pecado. Ir con Jesús es estar seguro del camino y, en su compañía, ser salvo.

(b) Seguir a Jesús es estar cierto de llegar finalmente a la gloria en la que él mismo está (Jn. 12:26). He aquí la otra parte de la advertencia de que seguir a Jesús implica sacrificio y cruz. El sacrificio y la cruz no son insubstanciales, sino el precio de la gloria eterna. Jesús nunca prometió un camino fácil, pero sí un camino a cuyo final su aspereza sería olvidada.

DEBEMOS VER QUE HAY FORMAS INADECUADAS DE SEGUIR A JESUS

Estas formas no son condenables; son infinitamente mejores que nada … pero no las mejores.

(a) Al final, Pedro seguía a Jesús a mucha distancia (Mt. 26:58; cf. Mr. 14:54 y Lc. 22:54). La verdadera razón era que Pedro no se atrevía a seguirle más de cerca; y la verdadera tragedia es que si Pedro se hubiera mantenido íntimamente unido a Jesús, el desastre de negarlo no hubiera sucedido nunca, pues, al ver de nuevo el rostro de Jesús, fue cuando Pedro descubrió lo que había conseguido con sus repetidas negaciones.

(b) En el último viaje a Jerusalén, los discípulos seguían a Jesús con temor (Mr. 10:32). En un sentido, esta acción denotaba más valentía que ninguna otra. Ellos no entendían lo que estaba sucediendo, pero, aunque temían lo peor, le siguieron. Podemos reconfortarnos recordándonos a nosotros mismos que, a menudo, el hombre que sigue a Cristo con temor y temblor está demostrando ser un valiente.

POR ULTIMO, UN HOMBRE PUEDE REHUSAR SEGUIR A JESUS

Así es como actuó el joven rico (Mt. 19:21; cf. Lc. 18:22). El resultado de su negativa fue marchar entristecido. El fruto de una negativa es muy a menudo la tristeza, pero la consecuencia de seguir, no obstante la aspereza y lo pavoroso del camino, es frecuentemente el gozo.

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