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ESTILOS DE VIDA ALTERNATIVOS ¿Qué tiene de malo esta fotografía?

Tal vez usted vio la foto en internet. Apareció poco después del ataque al World Trade Center en la ciudad de Nueva York. Mostraba a un hombre parado en la cima de una de las torres gemelas con un avión en el fondo listo a hundirse en el edificio. Una imagen montada, todo elaborado con la ayuda de una cámara digital y de la tecnología moderna.

Algunos también han tratado del alterar el álbum familiar de fotos a lo largo de los años. Ellos han tomado la foto de Dios del matrimonio y la han modificado para que encaje en sus propias ideas del matrimonio. Con los años algunas de estas fotos alteradas se han vuelto tan populares como un grabado de Norman Rockwell.
Pero aunque algunas personas afirmen que estas “nuevas” organizaciones son fotos legítimas del matrimonio, estas imágenes alteradas no resisten la prueba.

En 1985 la compañía Coca Cola decidió lanzar una nueva Coca Cola. La compañía afirmaba que el nuevo producto sería mejor que el antiguo. Los consumidores no estuvieron de acuerdo. Pronto el nuevo producto desapareció de los estantes de las tiendas y nació la Coca Cola Clásica. Así sucede con el matrimonio. Algunos alegan que el producto “nuevo y mejorado” será mejor y más dulce que la versión clásica. Sin embargo, no hay sustito para el producto verdadero.

Demos un vistazo a las “mejoras” que la gente ha sugerido para la organización del matrimonio. La primera que nos gustaría considerar es la homosexualidad.

Homosexualidad: ¿innata o adquirida?

¿Cómo se convierte una persona en homosexual? ¿Nació así? ¿O el ambiente motiva a alguien a tener ese tipo de pensamientos y deseos? ¿Es innato o adquirido?

La respuesta a estas preguntas es positiva. Aunque la relación homosexual sea contraria a la naturaleza, tiene sus raíces en nuestra condición de pecadores. Algunos científicos han tratado de probar que existe un “gen homosexual” o algún otro rasgo innato que hace que alguien sea homosexual. Si estos estudios pueden probarlo de una u otra forma no es importante. La Escritura elimina toda duda sobre la causa de: pensamientos, deseos, y acciones homosexuales. Estos tienen origen en el corazón humano. Desde la caída en el pecado, toda inclinación de nuestros corazones es sólo maldad en todo momento (Génesis 6:5). “Engañoso es el corazón” (Jeremías 17:9). “Del corazón salen los malos pensamientos” (Mateo 15:19).

Pero podemos preguntar: “Si los pensamientos homosexuales tienen origen en el corazón humano, ¿cómo es que algunos tienen pensamientos homosexuales y otros no?” Aunque todos estamos propensos al pecado, un pecado puede tentar a una persona más que a otra. Consideremos el alcoholismo. Algunos estudios sugieren que algunas personas tienen características físicas que los hacen más susceptibles al abuso del alcohol. Lo mismo puede decirse con respecto de otros pecados. Algunos luchan contra el pecado del materialismo más que otros. Algunos luchan para controlar su ira, mientras otros tienen una personalidad tranquila y paciente. A este respecto, toda la gente no es igual. El pecado nos afecta a todos. Pero, incluso desde la cuna, nos afecta de formas diferentes.

Pero además de la naturaleza, también está el factor del ambiente. El mundo en el que vivimos puede motivar a algunos para buscar el pecado sexual. Ese mundo puede incluir un hogar en el cual los papeles femenino y masculino, al igual que las relaciones, estén confundidos. Un hijo recibe poco o ningún amor de su padre. Una madre dominante constantemente critica a su hijo. Estos factores negativos de cultivo pueden motivar a algunos a buscar relaciones homosexuales.

Algunos pueden ser atraídos por el señuelo de la escena homosexual, bien sea pornografía o una invitación de un amigo homosexual. Sin la motivación de amigos y de otras personas, ellos podían nunca haber considerado seriamente este pecado.

Como cristianos “convencionales” podemos encontrar especialmente perturbador el pecado de la homosexualidad. Pero recordemos que las mismas cosas que nos motivan a ser: iracundos, perezosos, odiosos, mezquinos, egoístas y codiciosos, también motivan al homosexual a ser homosexual. ¿Significa esto que Dios no nos hace responsables por los pecados que se originan en el corazón? “El alma que peque esa morirá” es la respuesta del profeta (Ezequiel 18:4). Dios condena todos los pecados como dignos de la muerte eterna. Y cuando el pecado se vuelve un estilo de vida, bien sea que ese estilo de vida sea de odio o de homosexualidad, estamos en peligro de apartarnos de la fe. “Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios” (Hebreos 10:26, 27). Igual que el apóstol Pablo, todos luchamos contra el pecado y la tentación. “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19). Pero cuando bajamos nuestras armas y nos rendimos al pecado, la batalla está perdida y así también nuestra esperanza del cielo.

Homosexuales: fuera del closet y frente a sus narices

¿Por qué algunos homosexuales son tan escandalosos para defender su estilo de vida impío? Una vez más la repuesta se encuentra en lo innato y lo adquirido. Dentro de cada ser humano yace una conciencia que testifica de la ley de Dios. Al hablar a los cristianos romanos, el apóstol Pablo dijo que esta conciencia da testimonio y está “acusándolos o defendiéndolos sus razonamientos” (Romanos 2:15). No son solamente los cristianos los que tienen conciencia. Esto se aplica a todo el mundo. Y una conciencia atestigua de la ley de Dios escrita en el corazón. Esta ley está lejos de ser perfecta. Una conciencia sí tiene una fotografía perfecta de la voluntad de Dios; tiene una imagen imperfecta de lo que una vez fue: un esbozo que el pecado ha borrado. Pero aunque nuestras conciencias tengan una foto imperfecta de la ley de Dios, éstas todavía pueden acusarnos cuando pecamos, y defendernos cuando hacemos lo correcto.

Pero, ¿qué tal Hitler o Bin Laden? ¿Cómo pueden ellos ordenar tantos asesinatos y luego reírse de ello? Parece que cometieron sus actos impíos sin ningún problema de conciencia ni sentimientos de remordimiento. Ellos son “hipócritas y mentirosos, cuya conciencia está cauterizada” (1 Timoteo 4:2). Ellos son “generación de malhechores, hijos depravados” (Isaías 1:4). “Porque sus pies corren hacia el mal, se apresuran a derramar sangre” (Proverbios 1:16).

La conciencia con la que una persona nace no permanece igual. Puede volverse más sensible a los pecados mientras las personas crecen “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). O puede volverse insensible cuando nos mimamos en el pecado una y otra vez. De la misma manera que las palmas de nuestras manos pueden desarrollar callosidades que son menos sensibles al dolor, igualmente nuestras conciencias pueden adquirir callos. Una conciencia puede volverse menos sensible al pecado. Los pinchazos de la ley de Dios ya no la afectan.

Pero desensibilizar la conciencia no es una cosa fácil. Esto puede explicar por qué algunas personas en la comunidad homosexual son tan francas sobre su estilo de vida. Es posible que estén pasando por un momento difícil para silenciar la voz que los acusa de pecar. Ellos quieren que otros dejen de confrontarlos con la verdad que es que su estilo de vida es pecaminoso. Ellos quieren que los demás aprueben su pecado para tener alguna ayuda para defenderse de su propio pecado. Ellos quieren que los demás los apoyen en su pecado, aunque su naturaleza está diciéndoles que está mal.

Cuando se trata el tema de la homosexualidad, algunos tratan de manipular la clara Palabra de Dios. Para ellos el verdadero pecado de Sodoma no era la presencia de la homosexualidad, sino la ausencia de hospitalidad. Sin embargo, Judas versículo 7 dice que “También Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra la naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno”. Algunos también malinterpretan el lamento de David por Jonatán que dice: “Angustia tengo por ti, Jonatán, hermano mío, cuán dulce fuiste conmigo. Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres” (2 Samuel 1:26). Ellos le dan a esas palabras un enfoque homosexual, tratando de probar que los dos eran más que espíritus gemelos.

Sin embargo la imagen que pinta el apóstol, en Romanos 1:26, 27, expresa en blanco y negro la visión de Dios sobre la homosexualidad:

Por eso Dios los entregó a pasiones vergonzosas, pues aun sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que van contra la naturaleza. Del mismo modo también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.

Y en 1 Corintios 6:9, 10, Pablo añade: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales… heredarán el reino de Dios”. La Escritura es clara: la homosexualidad es un pecado. No se permiten excepciones.

¿Qué pasa si un ser amado es homosexual?

Usted está hablando con un amigo. Él le acaba de decir que es homosexual. ¿Qué le diría usted a él?

Si usted pudiera tomar una placa de Rayos X de su propio corazón en ese momento, ésta revelaría emociones de sorpresa o tristeza, tal vez incluso algo de rabia y condena. “¿Cómo puede alguien hacer algo así?” puede preguntarse usted, especialmente cuando es alguien que conoce. Pero, en vez de actuar sobre estas emociones, es bueno aplicar las palabras de Santiago 1:19: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardo para hablar, tardo para airarse”.

Al discutir el asunto con usted, su amigo le ha abierto la puerta de su corazón. Una respuesta apresurada, un comentario de condenación, una mirada de rabia o de disgusto pueden cerrar la puerta y hacer difícil una conversación más profunda. Ante usted está un ser humano que Dios redimió por medio de su Hijo. Trate de ver a su amigo a través de la imagen de la cruz. Permita a la persona hablar sobre su situación.

En su libro A Christian Perspective on Homosexuality (Una perspectiva cristiana sobre la homosexualidad), Daniel W. Puls explica:

Su primer paso, por lo tanto, tiene que ser escuchar aceptando al homosexual como una persona que ha sido creada y redimida por Cristo. Sí, existe pecado, pero el pecado existe en todos nosotros. La aceptación de la persona como creación de Dios no significa aprobar ni bendecir el pecado de esa persona. El interés cristiano no da permiso para lo que Dios prohíbe. Más bien significa que mediante su aceptación e interés en el otro como persona, usted construye una relación tan fuerte y tan confiada que la persona sabe que esta relación puede sobrevivir aunque la homosexualidad sea revelada.12

El hecho de escuchar también nos ayudará a hacer un diagnóstico. ¿Qué piensa nuestro amigo sobre la homosexualidad? ¿Está la persona luchando con el pecado? ¿O se ha rendido en la batalla?
La siguiente cosa que queremos ofrecer a esa persona es esperanza. Podemos hacerlo compartiendo el evangelio. Esto puede sonar extraño al principio. Después de todo, ¿no estamos enfrentando a un pecador? ¿Y no necesitan los pecadores escuchar la ley para poder ver su pecado? Sin embargo, decirle a la gente que Cristo murió por todos los pecados ofrece esperanza. Los gays y las lesbianas, pueden sentir que están más allá de toda esperanza. Pueden pensar que Cristo nunca podría perdonarlos. Una simple afirmación de la verdad del evangelio puede allanar el camino para el arrepentimiento. Cuando ponemos la cruz ante estas personas, éstas pueden acercarse a ella en humildad y confesar sus pecados al Señor.

Y recuerde: el objetivo es el arrepentimiento. Al contrario de lo que nos dice nuestra sociedad incrédula e incluso algunas iglesias llamadas “cristianas”, amor no quiere decir que aprobemos el pecado y digamos que ese estilo de vida es aceptable. El amor cristiano llama al pecador al arrepentimiento. El amor cristiano reconoce que el pecado tiene un alto costo. El amor cristiano reconoce que Cristo cargó una cruz aun más grande. “Cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” es como el apóstol Pablo lo expresa (Romanos 5:20). Existe esperanza para los homosexuales, la misma esperanza que nosotros tenemos en Cristo. Dios no muestra favoritismos. Él acepta a las personas de toda nación, tribu, raza e idioma. Él perdona el pecado de toda clase, tipo, estilo y condición. “Consumado es” también abarca el pecado de la homosexualidad.

El homosexual y el futuro

“Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: ‘Haced penitencia…’, ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia”.13 Así fue como Martín Lutero comenzó sus “Noventa y cinco tesis”. Lutero indicó que el arrepentimiento no es una cosa que se haga de una vez por todas. No es algo que hagamos y terminemos de hacer. Toda la vida de un cristiano es de arrepentimiento y acercamiento a la cruz. Aunque hemos sido declarados santos por medio de Cristo, seguimos siendo pecadores que luchan contra el pecado y que tienen necesidad de arrepentirse de sus pecados todos los días.

Cuando Cristo vivió y murió en nuestro lugar, él pagó el precio de nuestros pecados. Gracias a lo que Dios hizo por nosotros, Dios nos ha declarado santos. A su turno, el Espíritu Santo nos aplica a cada uno personalmente el estado de santidad a cada uno de nosotros cuando obra la fe en nuestros corazones. El perdón de Dios no es un proceso. Es una declaración de libertad. “También Jehová ha perdonado tu pecado” (2 Samuel 12:13). “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2). Estas afirmaciones describen algo que fue ganado en la cruz y que se aplica en todo instante. Describen el “consumado es” del cristiano. Dios nos pinta como santos por el amor de su Hijo.

Pero nosotros no siempre vivimos como santos. Eso es porque, incluso como santos, seguimos siendo pecadores que luchan contra el pecado. Algunos luchan contra los pensamientos sexuales sobre personas del sexo opuesto. Otros luchan contra pensamientos sexuales sobre personas del mismo sexo. Esa es la lucha del cristiano santo-pecador. Cristo ya nos ha declarado santos, pero todavía no hemos sido hechos completamente santos. Somos santos en Cristo, pero somos pecadores que continúan pecando. Y por consecuencia, como dijo Lutero, “toda la vida de los creyentes [es] penitencia”. Para el cristiano, el arrepentimiento no sólo es una ostentación de victoria, sino también una llamada a las armas. Comienza una lucha contra el pecado, una guerra contra nuestra naturaleza pecaminosa y su régimen rebelde. Casi se pueden escuchar los aviones de lucha rugiendo sobre la cabeza cuando Pablo afirma: “porque el deseo de la carne es contra el Espíritu y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisierais” (Gálatas 5:17).

¿Está usted luchando contra el pecado de la homosexualidad? Recuerde que esta es una guerra que durará por toda su vida. Usted puede sufrir algunos contratiempos. Puede haber algunas pérdidas en esta guerra. Usted puede no ser capaz de proclamar victoria con cada batalla. No estoy diciendo esto para excusar su pecado sino para animarlo en la lucha. Y recuerde que no está sólo luchando en esta batalla. Sus hermanos cristianos lo apoyan en esta causa. El Señor es su comandante que finalmente lo llevará a la victoria.

¿Tiene un hermano cristiano que está luchando con el pecado de la homosexualidad? No se sorprenda si él o ella pierden una batalla. El espíritu está dispuesto, pero la carne es débil. No excuse el pecado, perdónelo. Perdónelo “setenta veces siete” (Mateo 18:22). Dirija a esa persona a Cristo “setenta veces siete”. En él una persona encuentra perdón y la fortaleza para vivir otro día y declarar otra guerra.

El apóstol Pablo no era homosexual. Pero era un pecador que, por medio de Cristo, ganó la guerra. “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7) fue el grito de victoria cuando enfrentó la muerte. Él pudo saborear la libertad que estaba más adelante. Él también sabía quién merecía el crédito por la libertad de la que pronto iba a disfrutar. “¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Romanos 7:25).

Hermano pecador y hermano soldado: manténgase firme. La guerra continuará en esta vida. Pero la victoria está garantizada por medio del garante: Jesucristo.

Fuente: John D. Schuetze, El matrimonio y la familia: El álbum familiar de fotos, ed. Curtis A. Jahn, trad. Sandra P. Corzo, Enseñanzas de la Biblia Popular (Milwaukee, WI: Editorial Northwestern, 2009), 139–148.


12 Daniel W. Puls, A Christian Perspective on Homosexuality (St. Louis: Concordia Publishing House, 1996), p. 62. (Traducción libre del inglés)

13 Martín Lutero, Las 95 Tesis del Doctor Martín Lutero, (Bogotá: Centro colombiano de comunicaciones cristianas, 1983).

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