
I. DOCTRINA DE DIOS
(Creencias 1–5)
1. Las Sagradas Escrituras
La Biblia es la revelación escrita, inspirada e infalible de la voluntad de Dios. Fue dada mediante hombres inspirados por el Espíritu Santo, quienes escribieron bajo dirección divina sin anular su personalidad ni contexto histórico. La Escritura es autoridad suprema en doctrina, fe, conducta y experiencia cristiana. No depende de la tradición, la razón humana ni la cultura para su validez; todo debe ser probado por ella.
Su propósito central es conducir a la salvación en Cristo y revelar el carácter de Dios. La Biblia interpreta la Biblia; ningún texto puede aislarse del conjunto de la revelación. Es clara en lo esencial, suficiente para la salvación y permanente para todas las generaciones.
Textos bíblicos:
- 2 Timoteo 3:16–17
- 2 Pedro 1:20–21
- Salmo 119:105, 160
- Isaías 8:20
- Juan 17:17
- Hebreos 4:12
2. La Trinidad
Hay un solo Dios verdadero, eterno, omnipotente y omnisciente, que existe en tres Personas coeternas e iguales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta unidad no es confusión de personas ni división de esencia. La Trinidad revela un Dios relacional, de amor perfecto, comunión y misión.
Desde la eternidad, las tres Personas participan juntas en la creación, redención y restauración del universo. Aunque la palabra “Trinidad” no aparece en la Biblia, la realidad trinitaria es claramente bíblica y se manifiesta progresivamente en las Escrituras.
Textos bíblicos:
- Mateo 28:19
- 2 Corintios 13:14
- Juan 14:16–17, 26
- Juan 1:1–3
- Génesis 1:1–2, 26
- Deuteronomio 6:4
3. Dios Padre
Dios Padre es el origen de toda vida, Creador, sustentador y soberano del universo. Se revela como amor, justicia, misericordia y fidelidad. Él es quien inicia el plan de salvación, envía al Hijo, adopta a los creyentes como hijos y los guía con ternura paternal.
No es un Dios distante, sino cercano, atento al clamor humano. El Padre gobierna con autoridad moral, no con tiranía; su ley es expresión de su carácter amoroso.
Textos bíblicos:
- Juan 3:16
- 1 Juan 4:8–10
- Salmo 103:8–13
- Mateo 6:9–13
- Isaías 64:8
- Efesios 1:3–6
4. Dios Hijo
Jesucristo es Dios eterno hecho hombre. En la encarnación asumió plenamente la naturaleza humana sin dejar de ser divino. Vivió una vida perfecta, reveló el carácter del Padre y murió voluntariamente como sacrificio sustitutorio por el pecado del mundo.
Su muerte fue real, suficiente y completa; su resurrección corporal confirmó su victoria sobre la muerte y garantizó la esperanza del creyente. Hoy Cristo ministra como Sumo Sacerdote, Mediador e intercesor, y regresará como Rey glorioso.
Textos bíblicos:
- Juan 1:1–3, 14
- Filipenses 2:5–11
- Colosenses 2:9
- Isaías 53:4–6
- Hebreos 4:14–16
- 1 Corintios 15:3–4
5. Dios Espíritu Santo
El Espíritu Santo es persona divina, no una fuerza impersonal. Participó en la creación, inspiró las Escrituras y actúa hoy en la obra de la redención. Él convence de pecado, revela a Cristo, produce el nuevo nacimiento, santifica al creyente y capacita para la misión mediante dones espirituales.
El Espíritu mora en el creyente, transforma el carácter y produce fruto visible de una vida regenerada.
Textos bíblicos:
- Juan 16:8–13
- Romanos 8:9–16
- Hechos 1:8
- 1 Corintios 12:4–11
- Gálatas 5:22–23
- Tito 3:5
II. DOCTRINA DEL HOMBRE
(Creencias 6–7)
6. La Creación
Dios creó el universo por su palabra en seis días literales consecutivos y reposó el séptimo día, estableciendo el sábado como memorial de la creación. La creación fue perfecta, armónica y buena; revela el poder, sabiduría y amor de Dios. El ser humano fue creado a imagen de Dios, con dignidad, libre albedrío y capacidad moral.
La doctrina de la creación es fundamental para comprender el sábado, la redención y el valor de la vida humana.
Textos bíblicos:
- Génesis 1–2
- Éxodo 20:8–11
- Salmo 33:6, 9
- Hebreos 11:3
- Apocalipsis 4:11
7. La Naturaleza del Hombre
El ser humano es una unidad indivisible de cuerpo, mente y aliento de vida. No posee un alma inmortal independiente del cuerpo. La vida es un don de Dios; la muerte es la cesación de la vida, un estado inconsciente descrito como “sueño”.
El pecado trajo separación de Dios, corrupción moral y muerte, afectando a toda la humanidad. La esperanza del ser humano no está en la inmortalidad innata, sino en la resurrección mediante Cristo.
Textos bíblicos:
- Génesis 2:7
- Eclesiastés 9:5–6, 10
- Romanos 5:12
- Salmo 146:4
- 1 Timoteo 6:15–16
8. El Gran Conflicto
La Biblia presenta la historia como un conflicto real y universal entre Cristo y Satanás. Comenzó en el cielo por la rebelión de un ser creado (Lucifer) y se extendió a la tierra con la caída humana. El núcleo del conflicto es el carácter de Dios, la justicia de su gobierno, la verdad vs. la mentira, y la lealtad de los seres inteligentes.
Dios permite el desarrollo del conflicto para que el universo vea las consecuencias del pecado y la legitimidad de su amor y ley. La victoria final está asegurada por la obra de Cristo.
III. DOCTRINA DE LA SALVACIÓN
(Creencias 8–10)
Textos base (más):
- Apocalipsis 12:7–12; 12:17
- Job 1:6–12; 2:1–7
- Isaías 14:12–14
- Ezequiel 28:12–17
- Juan 8:44
- 1 Pedro 5:8–9
- Efesios 6:10–12
- Génesis 3:1–15
9. Vida, Muerte y Resurrección de Cristo
En el centro del evangelio está que Jesús: vivió sin pecado, murió vicariamente (en lugar del pecador), resucitó corporalmente y triunfó sobre el pecado, Satanás y la muerte. Su muerte es expiatoria, sustitutoria y reconciliadora.
Su resurrección garantiza nuestra justificación, esperanza y victoria final. El evangelio no es solo ejemplo moral: es acto histórico salvador.
Textos base:
- Isaías 53:4–12
- Romanos 5:6–11; 4:25
- 2 Corintios 5:18–21
- 1 Pedro 2:24; 3:18
- Juan 19:30
- 1 Corintios 15:3–8, 20–22
- Hebreos 2:14–15
10. La Experiencia de la Salvación
La salvación es por gracia, recibida por fe. Incluye: arrepentimiento, confesión, nuevo nacimiento, justificación, adopción, y un proceso de santificación. Las obras no compran salvación, pero son su fruto.
La obediencia surge del amor y de la obra interna del Espíritu. La seguridad está en Cristo, no en el mérito humano.
Textos base:
- Efesios 2:8–10
- Romanos 3:23–26; 5:1
- Juan 3:3–7; 1:12
- Tito 3:5–7
- 1 Juan 1:9
- Filipenses 1:6
- Santiago 2:17–18
IV. DOCTRINA DE LA IGLESIA
(Creencias 11–18)
11. Crecimiento en Cristo
El crecimiento en Cristo es la experiencia continua del creyente que, habiendo sido justificado por la fe, vive diariamente en comunión con Jesús. Esta vida espiritual se desarrolla mediante la oración, el estudio de la Palabra, la obediencia por amor y la dependencia constante del Espíritu Santo.
El crecimiento no significa ausencia total de luchas, sino victoria progresiva sobre el pecado. Cristo vive en el creyente y le capacita para resistir al mal, reflejar su carácter y servir con poder. La vida cristiana no es estática, sino un proceso de transformación continua.
Textos base:
- Juan 15:4–5
- Gálatas 2:20
- Romanos 8:1–4, 12–14
- 2 Corintios 3:18
- Colosenses 2:6–10
- 1 Tesalonicenses 4:3
- 2 Pedro 3:18
12. La Iglesia
La iglesia es el cuerpo de Cristo, formado por todos los creyentes que aceptan a Jesús como Señor y Salvador. Es una comunidad redimida, llamada a adorar a Dios, edificarse mutuamente y proclamar el evangelio al mundo.
Aunque compuesta por seres humanos imperfectos, la iglesia es el instrumento escogido por Dios para cumplir su misión en la tierra. Cristo es su cabeza, y la Biblia es su fundamento doctrinal.
Textos base:
- Mateo 16:18
- Hechos 2:42–47
- 1 Corintios 12:12–27
- Efesios 1:22–23; 4:11–16
- 1 Pedro 2:9–10
- 1 Timoteo 3:15
13. El Remanente y su Misión
La Biblia enseña que, en el tiempo del fin, Dios tendrá un remanente fiel, caracterizado por su lealtad a Cristo, obediencia a los mandamientos de Dios y posesión del testimonio de Jesús.
Este remanente no existe para exaltarse, sino para cumplir una misión profética mundial: proclamar el evangelio eterno, advertir contra el error y preparar al mundo para el regreso de Cristo.
Textos base:
- Apocalipsis 12:17
- Apocalipsis 14:6–12
- Apocalipsis 18:1–4
- Mateo 24:14
- Judas 3
- Sofonías 3:13
14. Unidad en el Cuerpo de Cristo
La unidad cristiana es un don de Dios y una responsabilidad humana. Está basada en la verdad bíblica, el amor y la misión compartida. No implica uniformidad cultural, sino armonía espiritual bajo el señorío de Cristo.
La iglesia refleja la unidad del Dios trino cuando vive en humildad, respeto mutuo y cooperación, superando barreras raciales, sociales y culturales.
Textos base:
- Juan 17:20–23
- Efesios 4:1–6, 15–16
- 1 Corintios 1:10
- Gálatas 3:27–29
- Colosenses 3:11–14
- Filipenses 2:1–5
15. El Bautismo
El bautismo cristiano, realizado por inmersión, simboliza la muerte al pecado, la sepultura del viejo hombre y la resurrección a una nueva vida en Cristo. Es una declaración pública de fe, arrepentimiento y compromiso con Jesús.
El bautismo sigue a la instrucción bíblica y a la fe personal, e introduce al creyente en la membresía visible de la iglesia.
Textos base:
- Mateo 28:19–20
- Romanos 6:3–6
- Hechos 2:38; 8:36–38
- Marcos 1:9–11
- Gálatas 3:26–27
- Colosenses 2:12
16. La Cena del Señor
La Cena del Señor es un memorial del sacrificio de Cristo y una proclamación visible del evangelio. Incluye el lavamiento de los pies, que enseña humildad, servicio y reconciliación entre los creyentes.
Al participar, los cristianos renuevan su fe en Cristo, su comunión con la iglesia y su esperanza en la segunda venida.
Textos base:
- 1 Corintios 11:23–29
- Lucas 22:19–20
- Juan 13:1–17
- Mateo 26:26–29
- 1 Corintios 10:16–17
17. Dones y Ministerios Espirituales
El Espíritu Santo concede dones espirituales a cada creyente para la edificación de la iglesia y el cumplimiento de la misión. Ningún miembro es innecesario; todos son llamados a servir.
Los dones deben ejercerse con humildad, amor y fidelidad a la Palabra, reconociendo que el Espíritu es quien dirige la obra.
Textos base:
- 1 Corintios 12:4–11, 27–31
- Efesios 4:11–13
- Romanos 12:4–8
- 1 Pedro 4:10–11
- Hechos 1:8
18. El Don de Profecía
Dios ha guiado a su pueblo a lo largo de la historia mediante el don de profecía, concedido para instruir, corregir, consolar y edificar a la iglesia. Este don no reemplaza a la Biblia, sino que la exalta y dirige a ella.
En el tiempo del fin, el don profético cumple una función especial en la orientación espiritual del pueblo de Dios y en la preparación para la venida de Cristo. Todo mensaje profético debe ser probado por la Escritura y por sus frutos.
Textos base:
- Apocalipsis 12:17
- Apocalipsis 19:10
- Joel 2:28–29
- Amós 3:7
- 1 Corintios 14:1,3
- 2 Crónicas 20:20
- Isaías 8:20
V. DOCTRINA DE LA VIDA CRISTIANA
(Creencias 19–23)
19. La Ley de Dios
La Ley de Dios, expresada de manera perfecta en los Diez Mandamientos, es la transcripción del carácter de Dios: santa, justa y buena. No fue dada como medio de salvación, sino como norma moral eterna que define el pecado y orienta la vida del creyente redimido.
La ley existía antes del Sinaí, fue proclamada por Dios mismo y confirmada por Jesucristo. En el nuevo pacto, la ley no es abolida, sino escrita en el corazón por el Espíritu Santo. La obediencia no es legalismo, sino la respuesta natural del amor que nace de la gracia.
La ley señala al pecador su necesidad de Cristo y, una vez salvo, se convierte en guía para una vida santa y equilibrada.
Textos base:
- Éxodo 20:1–17
- Romanos 7:7,12
- 1 Juan 2:3–6; 5:3
- Mateo 5:17–19
- Jeremías 31:33
- Santiago 2:10–12
20. El Sábado
El sábado, el séptimo día de la semana, fue instituido en la creación como memorial perpetuo del poder creador de Dios. Es un día bendecido y santificado por Dios, dado para beneficio de toda la humanidad, no solo para Israel.
El sábado es señal de creación, redención, santificación y lealtad. Jesús lo guardó, lo dignificó y enseñó su verdadero propósito: reposo, adoración, misericordia y restauración. Los apóstoles continuaron observándolo, y será una señal distintiva del pueblo de Dios en el tiempo del fin.
Guardar el sábado no es una carga, sino una experiencia gozosa de comunión con Dios y dependencia de su gracia.
Textos base:
- Génesis 2:1–3
- Éxodo 20:8–11
- Deuteronomio 5:12–15
- Isaías 58:13–14
- Marcos 2:27–28
- Lucas 4:16
- Hebreos 4:9–11
21. Mayordomía
Dios es el dueño absoluto de todo: la vida, el tiempo, las capacidades, el cuerpo y los recursos materiales. El ser humano es administrador responsable de aquello que Dios le confía.
La mayordomía cristiana abarca todos los aspectos de la vida: fidelidad en diezmos y ofrendas, uso responsable del tiempo, cuidado del cuerpo como templo del Espíritu Santo, desarrollo de talentos y una actitud de generosidad y servicio.
La fidelidad en la mayordomía no busca enriquecer a Dios, sino formar el carácter del creyente y sostener la misión de la iglesia en el mundo.
Textos base:
- Malaquías 3:8–10
- 1 Corintios 4:2
- 2 Corintios 9:6–8
- Proverbios 3:9–10
- Mateo 25:14–30
- Lucas 16:10–13
22. Conducta Cristiana
La conducta cristiana es el resultado visible de una vida transformada por Cristo. El creyente es llamado a vivir en santidad, pureza, equilibrio y dominio propio, reflejando el carácter de Jesús en cada área de la vida.
Esto incluye la manera de pensar, hablar, vestir, relacionarse, divertirse y cuidar el cuerpo y la mente. El cristiano evita prácticas que dañan la salud, la moral o el testimonio, y elige aquello que honra a Dios y edifica al prójimo.
La ética cristiana no es una lista de prohibiciones, sino una invitación a vivir plenamente bajo el señorío de Cristo.
Textos base:
- Romanos 12:1–2
- 1 Corintios 10:31
- Filipenses 4:8
- 1 Pedro 1:15–16
- Gálatas 5:22–23
- 1 Corintios 6:19–20
23. Matrimonio y Familia
El matrimonio fue instituido por Dios en la creación como un pacto de amor, fidelidad y compañerismo entre un hombre y una mujer. Es la base divina para la familia y un reflejo del amor de Cristo por su iglesia.
La familia es el primer espacio de discipulado, formación del carácter y transmisión de valores espirituales. Padres y madres son llamados a educar a sus hijos en amor, disciplina y temor de Dios.
El respeto mutuo, la fidelidad, el compromiso y el sacrificio son esenciales para la estabilidad del hogar cristiano.
En un mundo de crisis familiar, la familia cristiana está llamada a ser un testimonio vivo del plan original de Dios.
Textos base:
- Génesis 2:18–24
- Mateo 19:4–6
- Efesios 5:21–33
- Colosenses 3:18–21
- Deuteronomio 6:4–7
- Salmo 127:1–3
- Proverbios 22:6
VI. DOCTRINA DE LOS ACONTECIMIENTOS FINALES
(Creencias 24–28)
24. Ministerio de Cristo en el Santuario Celestial
Después de su resurrección y ascensión, Jesucristo inició su ministerio como Sumo Sacerdote y Mediador en el santuario celestial. Este ministerio aplica de manera efectiva los méritos de su sacrificio expiatorio realizado una vez y para siempre en la cruz.
El santuario terrenal del Antiguo Testamento era una figura o sombra del verdadero santuario celestial. A través de él, Dios enseñó verdades profundas sobre el pecado, la expiación, la intercesión y el juicio.
En el tiempo del fin, Cristo lleva a cabo una fase final de su ministerio relacionada con el juicio previo a la segunda venida, no para informar a Dios (que lo sabe todo), sino para vindicar su carácter, su justicia y la fidelidad de su pueblo ante el universo.
Este ministerio llama al creyente a una experiencia de arrepentimiento, fe, obediencia y confianza plena en Cristo como único Mediador.
Textos base:
- Hebreos 8:1–2
- Hebreos 9:11–14, 24
- 1 Juan 2:1–2
- Daniel 7:9–10, 13–14
- Daniel 8:14
- Apocalipsis 14:6–7
25. La Segunda Venida de Cristo
La segunda venida de Jesucristo es la esperanza bienaventurada de la iglesia. Será un acontecimiento literal, visible, audible, personal y glorioso. No será secreto ni espiritualizado.
En su venida, Cristo resucitará a los justos muertos, transformará a los justos vivos y llevará a su pueblo consigo. Pondrá fin al dominio del pecado, al sufrimiento de los fieles y a la historia del mundo tal como hoy lo conocemos.
La Escritura advierte contra falsos cristos y falsas expectativas, y llama a la iglesia a vivir en vigilancia, santidad y misión, aguardando activamente su regreso.
Textos base:
- Juan 14:1–3
- Hechos 1:11
- Apocalipsis 1:7
- 1 Tesalonicenses 4:16–17
- Mateo 24:30–31
- Tito 2:13
26. La Muerte y la Resurrección
La Biblia enseña que la muerte es un estado de inconsciencia, descrito como un “sueño”. El ser humano no posee inmortalidad natural; solo Dios es inmortal por naturaleza.
La esperanza del creyente no está en una existencia consciente después de la muerte, sino en la resurrección prometida por Cristo.
Habrá dos resurrecciones:
- La resurrección de los justos en la segunda venida de Cristo y el grupo especial (Apocalipsis 1:7)
- La resurrección de los impíos después del milenio, para enfrentar el juicio final.
Esta doctrina protege la verdad del carácter de Dios, elimina conceptos paganos y centra la esperanza cristiana en Cristo y su regreso.
Textos base:
- Eclesiastés 9:5–6,10
- Salmo 146:4
- Juan 11:11–14, 25–26
- 1 Tesalonicenses 4:13–17
- Juan 5:28–29
- Daniel 12:2
27. El Milenio y el Fin del Pecado
El milenio es el período de mil años posterior a la segunda venida de Cristo. Durante este tiempo:
- Los redimidos estarán en el cielo reinando con Cristo.
- La tierra quedará desolada, sin habitantes humanos vivos.
- Satanás estará limitado en su actividad (“atado”) por la ausencia de personas a quienes engañar.
Durante el milenio se lleva a cabo un juicio de revisión, donde los redimidos participan confirmando la justicia de Dios en sus decisiones.
Al final del milenio, los impíos resucitan, Satanás es liberado brevemente, y ocurre la destrucción definitiva del pecado mediante el juicio final. El mal es erradicado para siempre; no habrá una repetición del pecado.
Textos base (más):
- Apocalipsis 20:1–15
- Jeremías 4:23–27
- 1 Corintios 6:2–3
- Malaquías 4:1
- Nahúm 1:9
- 2 Pedro 3:7–13
28. La Nueva Tierra
Después de la erradicación del pecado, Dios crea cielos nuevos y tierra nueva, restaurando plenamente su propósito original.
Los redimidos vivirán eternamente en comunión con Dios, libres del pecado, la muerte, el dolor y el sufrimiento. La vida será real, corporal, activa y gozosa, con trabajo significativo, adoración, crecimiento y relaciones restauradas.
La nueva tierra no es una existencia etérea, sino una restauración gloriosa de la creación, donde Dios habita con su pueblo y reina el amor para siempre.
Textos base:
- Apocalipsis 21:1–5
- Apocalipsis 22:1–5
- Isaías 65:17–25
- 2 Pedro 3:13
- Romanos 8:19–21












