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EZEQUIEL (Introducción al libro)

No se sabe con exactitud la edad de Ezequiel cuando fue llevado cautivo. Algunos sugieren que “el año treinta” del cap. 1:1 podría referirse al trigésimo año de su vida. De ser así, habría tenido 25 años en el tiempo de su exilio. Según Josefo, el profeta era entonces joven (Op. cit. x. 6:3). Parece deducirse que era por lo menos relativamente joven en ese tiempo, porque una de sus profecías data de 27 años más tarde, o sea en 570 ó 571 (ver com. cap. 29:17), e indudablemente ejerció su oficio por algún tiempo más. Ver el cuadro cronológico de las profecías de Ezequiel en la p. 602.

A diferencia de Jeremías, que se quedó soltero (Jer. 16:2), Ezequiel tuvo una esposa a quien quería como el deleite de sus ojos (Eze. 24:16). Ella murió repentinamente en el noveno año del cautiverio (cap. 24:1; ver com. cap. 1:2), y dejó al profeta solo ante las grandes pruebas de su oficio profético.

El sucesor de Joaquín, Sedequías, no fue mejor que sus predecesores. En el 11.° año de su reinado (586 a. C.) ocurrió la caída final de Judá (2 Rey. 25:1–11). El residuo del pueblo fue llevado cautivo, el templo fue quemado y Jerusalén destruida. Sólo unos pocos de “los pobres de la tierra” fueron dejados para que labrasen las viñas y la tierra (2 Rey. 25:12).

Tales fueron los tiempos turbulentos en que Ezequiel, siendo todavía joven, fue llamado al oficio profético. La perspectiva no era nada halagüeña. El castigo que ya había caído sobre Jerusalén, en vez de hacer que recapacitaran los habitantes de Judá, pareció sólo sumergirlos más profundamente en la apostasía y el vicio. Tampoco quisieron someterse a la “disciplina” (Heb. 12:11) los exiliados junto al río de Quebar. Ellos también continuaron siendo rebeldes e idólatras (Eze. 2:3; 20:39), y revelaron estar poco dispuestos a practicar una reforma completa.

Aunque parezca extraño, fueron los gobernantes de Israel los que, por precepto y ejemplo, llevaron al pueblo a la apostasía (Isa. 3:12; 9:16; Eze. 34:2–19). Evidentemente, al principio Dios tenía el propósito de que sólo los gobernantes fuesen llevados al cautiverio (Dan. 1:3–4). La gran mayoría del pueblo había de quedar en Judea, esperando allí el regreso de un grupo de escarmentados gobernantes para que los guiaran en los caminos de Dios. Si los judíos hubiesen estado dispuestos a someterse a Nabucodonosor, como lo quería Dios (Jer. 27:1–22), la ciudad de Jerusalén y su magnífico templo habrían quedado intactos (Jer. 17:25, 27; 38:17), y el siglo de demora, dificultades, y desánimos que afrontaron los exiliados a su regreso de Babilonia se hubiera evitado. Pero la terca resistencia de Israel (Jer. 28:1–14) hizo que su copa de sufrimiento fuera cada vez más amarga, y originó una segunda y una tercera deportación en los años 597 y 586 a. C., respectivamente. “Los yugos de madera” fueron reemplazados por “yugos de hierro” (Jer. 28:13–14).

Pero aun en el cautiverio la justicia divina fue atemperada con misericordia. Dios vino a su pueblo como maestro, para impresionarlo con la necedad de la desobediencia y lo deseable de cooperar con él, y no como un juez severo para castigarlo. Los trances amargos del cautiverio no fueron tanto retributivos en su naturaleza, como correctivos. Los profetas Jeremías, Ezequiel y Daniel fueron comisionados para que revelaran el propósito del cielo a los hombres y para que lograran su cooperación con ese propósito. Jeremías fue enviado a los judíos que quedaron en Judea, mientras Ezequiel llevaba a cabo una misión semejante entre los que ya habían ido al cautiverio. Daniel fue embajador del cielo en la corte de Nabucodonosor, para que el monarca conociera la voluntad divina y cooperara con ella. Los fuegos del sufrimiento no habían de arder con más intensidad de la necesaria, para eliminar la escoria. Para una consideración detallada del papel de Daniel en relación con el cautiverio, véase la Introducción del comentario al libro de Daniel. En cuanto al abarcante propósito divino para Israel durante el cautiverio, ver las pp. 31–34; cf. com. Dan. 4:17.

Bosquejo. Las profecías de Ezequiel se presentan de acuerdo con un plan bien meditado. En forma natural caen dentro de dos divisiones principales: los 33 primeros capítulos representan profecías dadas, por lo menos en su mayoría, antes de la destrucción de Jerusalén; y los últimos 15, las que fueron dadas después de la destrucción. La primera división a su vez puede dividirse en dos partes: los caps. 1–24 dedicados a Israel en relación con el cautiverio, y los caps. 25:1 a 32:32, a los castigos sobre las naciones circunvecinas.

Otra característica interesante de las profecías de Ezequiel es su cronología exacta. La tabla cronológica que aparece abajo, muestra las fechas para las distintas secciones del libro con tanta corrección, que es posible computarlas con datos cronológicos proporcionados por el profeta (comparar con la cronología de Jeremías en la p. 384).

Cada división principal se subdivide naturalmente en varias secciones con la presencia de la expresión “y vino a mí palabra de Jehová, diciendo”, la cual aparece 29 veces en el libro. El bosquejo sigue el plan de las sugestiones ya dadas:

      I.      Profecías de castigo para Israel, 1:1 a 24:27.
  A.      Primera sección, 1:1 a 7:27 (5.° año, 4.° mes, 5.° día).
     1.      Ezequiel es llamado, 1:1 a 3:11.
       a.      La visión de la gloria de Dios, 1:1–28.
       b.      La misión divina para el profeta, 2:1 a 3:11.
     2.      El comienzo de la actividad profética, 3:12 a 7:27.
       a.      La vacilación en el Quebar, 3:12–16.
       b.      La vacilación reprendida, 3:17–27.
       c.      El sitio de Jerusalén descrito simbólicamente, 4:1–17.
       d.      Las cuatro señales y su interpretación, 5:1–17.
       e.      Los montes de Israel reprendidos, 6:1–14.
       f.      El asolamiento de Israel predicho, 7:1–27.
  B.      Segunda sección, 8:1 a 19:14 (6.° año, 6.° mes, 5.° día).
     1.      Una serie de visiones mientras estaba en el Espíritu, en Jerusalén, 8:1 a 11:25.
       a.      Las abominaciones en el templo, 8:1–18.
       b.      El castigo, 9:1–11.
       c.      La reaparición de la visión de los seres vivientes, 10:1–22.
       d.      Los dirigentes del pueblo reprendidos, 11:1–25.
     2.      Dos señales simbólicas, 12:1–20.
       a.      Un símbolo del intento de fuga y la captura de Sedequías 12:1–26.
       b.      Símbolos de los terrores del sitio, 12:17–20.
     3.      Discursos que revelaban la causa e inminencia de los castigos anunciados, 12:21 a 14:23.
       a.      La certidumbre del rápido cumplimiento, 12:21–28.
       b.      El discurso contra los falsos profetas y profetisas, 13:1–23.
       c.      El testimonio contra los buscadores idólatras de oráculos, 14:1–23.
     4.      Varias parábolas y varios símbolos, 15:1 a 19:14.
       a.      La madera de la vid, 15:1–8.
       b.      La niñita miserable y la vid adúltera, 16:1–63.
       c.      Las dos águilas y la viña, 17:1–24.
       d.      Las uvas agrias, 18:1–32.
       e.      Los leoncillos de la leona, 19:1–9.
       f.      La vid secada, 19:10–14.
  C.      Tercera sección, 20:1 a 23:49 (7.° año, 5.° mes, 10.° día).
     1.      Narración de las rebeliones de Israel, 20:1–49.
     2.      Varias descripciones de castigos amenazantes, 21:1–32.
       a.      La espada contra Jerusalén, 21:1–7.
       b.      La espada afilada y pulida para la matanza, 21:8–17.
       c.      La adivinación del rey de Babilonia, 21:18–27.
       d.      La espada contra Amón, 21:28–32.
     3.      Enumeración de los pecados de Jerusalén y la destrucción resultante, 22:1–31.
       a.      Las abominaciones de los príncipes y del pueblo, 22:1–16.
       b.      La suerte terrible de Jerusalén, 22:17–22.
       c.      La falta de un solo intercesor, 22:23–31.
     4.      La historia de la apostasía en una parábola, 23:1–49.
  D.      Cuarta sección, 24:1–27 (9.° año, 10.° mes, 10.° día).
     1.      Visión de la olla hirviente, 24:1–14.
     2.      Muerte de la esposa de Ezequiel, 24:15–27.
      II.      Profecía del castigo de naciones extranjeras, 25:1 a 32:32.
  A.      Primera sección, 25:1 a 28:26, fecha no especificada, pero quizá siga al mensaje presentado bajo “D”.
     1.      Una serie de profecías concernientes a los vecinos próximos a Israel, 25:1–17.
       a.      Contra los amonitas, 25:1–7.
       b.      Contra los moabitas, 25:8–11.
       c.      Contra los edomitas, 25:12–14.
       d.      Contra los filisteos, 25:15–17.
     2.      Una serie de profecías concernientes a Tiro, 26:1 a 28:19.
       a.      Su caída predicha, 26:1–21.
       b.      Lamentación sobre Tiro, 27:1–36.
       c.      Lamento por su príncipe, 28:1–10.
       d.      Origen, historia y destino de Satanás, presentados bajo el símbolo del rey de Tiro, 28:11–19.
     3.      Una profecía contra Sidón, 28:20–26.
  B.      Segunda sección, 29:1 a 32:32 (varias fechas), profecías concernientes a Egipto.
     1.      Primera división (10.° año, 10.° mes, 12.° día).
       a.      Castigo de Faraón, 29:1–7.
       b.      Asolamiento de la tierra de Egipto, 29:8–12.
       c.      Promesa de un regreso del cautiverio, 29:13–16.
     2.      Segunda división (27.° año, 1er mes, 1er día del mes [interpolada aquí para completar la predicción sobre Egipto]).
       a.      Egipto sería entregado a Nabucodonosor como su salario, 29:17–20.
       b.      Restauración de Israel, 29:21.
     3.      Tercera división (ninguna fecha, quizá la misma del grupo a): Egipto y sus auxiliares deberían caer, 30:1–19.
     4.      Cuarta división (11.° año, 1er mes, 7.° día: Babilonia fortalecida contra Egipto, 30:20–26.
     5.      Quinta división (11.° año, 3er mes, 1er día): La gloria y la caída de Egipto corren paralelamente con las de Asiría, 31:1–18.
     6.      Sexta división (12.° año, 12.° mes, 1er día): Lamentaciones por Egipto, 32:1–16.
     7.      Séptima división (12.° año, 15.° día): Egipto ha de tomar su lugar entre otras naciones caídas, 32:17–32.
      III.      Profecías de misericordia concernientes a Israel, 33:1 a 48:35.
  A.      Primera sección, 33:1 a 39:29 (12.° año, 10.° mes, 5.° día).
     1.      La misión de Ezequiel renovada, 33:1–20.
     2.      La llegada de noticias de la caída de Jerusalén, 33:21–33.
     3.      Los pastores de Israel reprendidos, 34:1–31.
     4.      Una profecía contra Edom, 35:1–15.
     5.      Los montes de Israel consolados, 36:1–38.
       a.      Israel desolado debería ser reedificado, 36:1–15.
       b.      Un reavivamiento espiritual, base del nuevo reino, 36:16–38.
     6.      La visión de los huesos secos, 37:1–28.
     7.      Profecías contra Gog y Magog, 38:1 a 39:29.
  B.      Segunda sección, 40:1 a 48:35 (25.° año, en el principio del año, 10.° día), visiones de restauración futura.
     1.      Del templo, 40:1 a 43:27.
     2.      El ceremonial del templo, 44:1 a 47:12.
     3.      La distribución de la tierra, 47:13 a 48:35.

Fuente: Francis D. Nichol y Humberto M. Rasi, eds., Isaías a Malaquías, trad. Victor E. Ampuero Matta y Nancy W. de Vyhmeister, vol. 4, Comentario Biblico Adventista del Séptimo Día (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1995), 597–602.

com. comentario

1 Las fechas a. C. se presentan aquí en dos columnas porque puede haber opiniones diferentes en cuanto a si Ezequiel usó el año babilónico, de primavera a primavera (comenzando en marzo-abril) —como cree la mayor parte de los eruditos—, o el año judío, de otoño a otoño (septiembre-octubre), que también es posible (ver el t. III, pp. 95–96; en cuanto a los dos comienzos del año, ver el t. II, pp. 117–119). La primera columna de fechas (bajo el encabezamiento P-P) presenta los años a. C. que corresponderían si Ezequiel hubiera computado los años del cautiverio de Joaquín desde 597, comenzando en la primavera; la segunda columna (bajo el encabezamiento O-O) indica las fechas correspondientes si hubiera usado el año que comenzaba en otoño.
El año 1, 597/96 a. C., comienza o un mes o casi siete meses después del 2 de Adar, cuando fue capturado Joaquín (en cuanto a la fecha, ver la p. 536). Este es el cómputo no inclusivo. Un cómputo inclusivo desde 598/97, como en 2 Rey. (ver el t. III, p. 96), parecería más lógico para una serie de años de calendario contados a partir de un acontecimiento, que no necesita de un “año ascensional” (o “año de ascensión” al trono) antes del año 1. (En cuanto al cómputo inclusivo y el método del año de ascensión, ver el t. II, pp. 138–142.) Algunos sostienen que Ezequiel usó del cómputo inclusivo desde la deportación de Joaquín “pasado un año”, después del 1.° de Nisán. Eso concordaría con un cómputo a partir de la primavera, pero no del otoño. (Una posible explicación de un cómputo no inclusivo podría ser la teoría, basada en hallazgos arqueológicos, de que Joaquín todavía era considerado como rey en el exilio, y que para Ezequiel en Babilonia los años “de la deportación” significaban años del reinado de Joaquín, computados a partir de un año de entronización.)
Puesto que los años que comienzan en la primavera y el otoño se superponen durante medio año, las dos fechas posibles a. C. que se han presentado para cada acontecimiento a veces caen en el mismo año a. C. (si la fecha está en los meses 7–12); o en años consecutivos (si la fecha está en los meses 1–6).

2 La fechas dadas sólo se aplican al principio de cada nueva serie de visiones. Puede darse por sentado que las diversas subdivisiones han de recibir sus fechas en intervalos entre éstas y las siguientes fechas.

3 Ver com. Eze. 32:17.

4 Este mes no lleva número; es el “principio del año”. Por eso es posible que significa el 7.° mes si se emplea el cómputo otoño a otoño. Por esta razón, se dan dos fechas a. C.

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