CONCEPTO 1
En su definición más sencilla, discipular es hacer discípulos. Esta concuerda con las palabras de la Gran Comisión, que en sí indica una obligación de mayor alcance. Notemos que el imperativo original, “haced discípulos”, no solo es modificado por “id” y “bautizándolos”, sino también por “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mt. 28:19–20). Por tanto, discipular es más que lograr convertidos.

Esta interpretación ha sido el trampolín para un movimiento relativamente nuevo que ha crecido rápidamente y se llama “discipulado”. Este ha llegado a ser el término técnico para una forma especial de enseñanza en la iglesia local. El “discipulador”, que generalmente es el pastor u otra persona calificada, reúne a un grupo de “discípulos” a quienes instruye a un nivel más profundo, rápido e intensivo que el provisto por los ministerios regulares de la iglesia.
Los métodos y aun las filosofías varían grandemente. Un programa típico es el uso de un silabo por un grupo pequeño comprometido, en sesiones semanales de dos horas durante un año. El programa Yokefellow de Elton Trueblood presenta un curso de lecturas para cinco años bajo una orientación competente sobre Biblia, teología, historia de la iglesia y otras áreas relacionadas. Los programas más sencillos requieren períodos más breves; otros son menos estructurados. Algunos pastores prefieren discipular a una persona a la vez, pero no más de tres.
Para algunos discipuladores la tarea parece ser la reproducción del líder, con la idea de que ellos a su vez se reproduzcan en una progresión y expansión geométrica de discípulos y discipuladores, hasta que virtualmente toda la iglesia no solo haya sido discipulada sino que llegue a ser un cuerpo de discipuladores.
Este acercamiento para hacer discípulos es considerado por quienes lo practican como la forma más rápida y efectiva para desarrollar una iglesia eficiente, espiritualmente madura y ganadora de almas. Sin duda tiene gran potencial para lograr tan noble objetivo. Cuando este programa se ha dirigido adecuadamente, ha revitalizado muchas iglesias, y a muchos pastores les ha mostrado una nueva forma de ministerio, emocionante y muy necesaria.
Los observadores del movimiento ven posibles peligros que podrían frenar la efectividad del objetivo. Uno de esos peligros es el trabajo adicional que se recarga sobre los ya ocupados laicos, lo cual resulta en mayor fragmentación de familias, fatiga y frustración, que podría ser contraproducente si no desastroso. Aún más, la inversión de tiempo y energía del pastor y los laicos en el discipulado podría debilitar la estructura de la iglesia como un todo. Esto se da porque muchos de los discípulos más consagrados son los más necesarios para ocupar cargos en la escuela dominical, en la junta de la iglesia y en otros ministerios. Algunos pastores creen que se puede lograr mejor alimentación espiritual si se fortalecen los ministerios existentes, principalmente el del púlpito y los de educación cristiana.
Posiblemente la supuesta base bíblica necesita también un examen más cuidadoso. En primer lugar, no es realista tratar de seguir exactamente el modelo de Jesús y los discípulos. Ningún pastor moderno tiene la autoridad o sabiduría de Jesús, ni puede esperar que 12 o más personas dejen sus vocaciones, y aun sus hogares, para vivir con él prácticamente por tres años. Inclusive el facsímil más modesto puede derivar en ruptura familiar. Esto se asemeja más a algunas sectas modernas que a una iglesia sólidamente bíblica.
En forma disimulada, en algunos casos, se rechaza la distinción entre cuerpo pastoral y laicos, rechazo que se ha hecho popular en tiempos recientes. La interpretación errónea de Efesios 4:12 está implícita, al considerar que los santos deben estar equipados para ser apóstoles, evangelistas, profetas, pastores y maestros (v. 11). Pero no es posible que el apóstol haya querido decir esto. Dios ha llamado a ciertas personas a estas vocaciones especiales en la iglesia; ellos, a su vez, no están autorizados para “jugar a ser Dios” y presumir que se reproducen a sí mismos. Más bien la capacitación de los laicos es para los ministerios que pertenecen universalmente a la vida del cristiano—oración, testimonio, mayordomía, membresía y vida santa. Eliminar la distinción entre el cuerpo pastoral y laicado no tiene apoyo bíblico.
¿Cuáles son las metas que con seguridad podríamos considerar apropiadas para un programa de discipulado? Quizá podamos señalar cinco. (1) El programa debe apuntar hacia el logro de una instrucción completa en teología cristiana y conocimiento bíblico. Este contenido cognoscitivo nunca debe abandonarse en un rincón a cambio de compañerismo e inspiración, o por dar importancia al apoyo y afirmación personales. (2) Se debe proponer la meta de alcanzar estabilidad cristiana: compromiso, profundidad devocional y normas disciplinadas de vida. Al conocimiento se debe añadir dominio propio (2 P. 1:6). (3) El discipulado proporciona el medio para ayudar al cristiano a descubrir sus dones y para entender la voluntad de Dios para su vida. (4) El discipulado debe resultar en una profunda y absorbente preocupación por la gente, especialmente los perdidos, y mayor destreza (a) en las relaciones interpersonales, y (b) para influenciar a los inconversos en favor de Cristo. (5) El discipulado debe conducir a la experiencia de crisis de la entera santificación y edificar a partir de ella, y nunca debe permitirse que sea un sustituto.
Fuente: Richard S. Taylor, «DISCIPULAR», en Diccionario Teológico Beacon, ed. J. Kenneth Grider, Willard H. Taylor, y Edgar R. Conzález, trad. Eduardo Aparicio, José Pacheco, y Christian Sarmiento (Lenexa, KS: Casa Nazarena de Publicaciones, 2009), 219–220.
CONCEPTO 2
“La gran comisión” en el Evangelio de Mateo encargaba a la iglesia de enseñar a las naciones (Mt. 28:20). La palabra griega traducida “enseñar” es matheteuo, de mathetes que significa “discípulo.” Una misión de la iglesia es aquella de “haced discípulos a todas las naciones” (Mt. 28:19). Discipular es más que enseñar. Uno puede enseñar comunicando un sistema de preceptos. Uno discipula a otro demostrando la verdad con ejemplos. Es posible decirle a otros cómo ser victoriosos; pero aquel que hace discípulos de otros les demuestra, por ejemplo, la vida victoriosa. Aquellos que meramente enseñan tienen alumnos; aquellos que hacen discípulos hacen seguidores de Jesús primero, luego del maestro. Pablo dijo, escribiendo a los tesalonicenses:
Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído (I Tes. 1:5–7).
La gran fuerza de la iglesia local es su vida cristiana de comunidad. Todos aprenden el uno del otro, y crecen juntos, bajo un ministerio lleno del Espíritu.
Fuente: Guy P. Duffield y Nathaniel M. Van Cleave, Fundamentos de Teologı́a Pentecostal (San Dimas, CA: Foursquare Media, 2006), 467.
CONCEPTO 3
EL DISCIPULADO
“Por tanto id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarde todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28:19)
El discipulado en sí mismo como estrategia de trabajo no es un elemento nuevo en materia de iglecrecimiento; Jesús instituyó esta estrategia como el medio más eficaz para instruir, fundamentar, y consolidar la fe de los nuevos creyentes que recibían el evangelio con marcada devoción y deseo de crecer en el conocimiento de la palabra de Dios.
Discipular en el contexto bíblico es instruir al nuevo creyente en los conocimientos de la palabra de Dios a fin de que crezca, se fortalezca, y se desarrolle en los caminos del Señor, para que a su vez él también, llegado a la madurez en la fe, pueda discipular a otros recién convertidos.
En la actualidad, las iglesias que están alcanzando un crecimiento explosivo son las que han captado bien la visión del discipulado de células, o grupos familiares. Esta es una estrategia bendecida de trabajo que debe ser usada en las iglesias. Quienes no quieren entrar en este programa de trabajo simplemente les estará alcanzando la noche.
Según la Gran Comisión encomendada por Cristo a los discípulos en los evangelios de Mateo y de Marcos, el evangelismo y el discipulado tienen que caminar juntos para que haya en la Iglesia un crecimiento potente.
Fuente: Silverio Manuel Bello Valenzuela, Manual de Atención a Nuevos Creyentes (Silverio Bello, 2003), 10–11.












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