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EL ACTO DEL BAUTISMO

En la actualidad ha habido mucha discusión sobre la forma correcta del acto del bautismo. ¿Qué pasa, físicamente hablando, cuando uno es bautizado? Tal pregunta puede ser contestada fácilmente con el Nuevo Testamento. Usaremos tres evidencias para determinar el acto del bautismo.

A. Declaraciones sencillas de la Escritura. La Biblia fue escrita para que cualquier tipo de gente pudiera entenderla. Dios quiere que todos sean salvos. Las cosas que el hombre necesita para ser salvo se hallan escritas en un lenguaje sencillo. Examinemos, pues, las Escrituras, para ver qué es el bautismo.
La Biblia enseña que el acto del bautismo requiere:

  1. Agua. “¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?” (Hechos 10:47). Mateo 3:13 dice que Jesús fue al río Jordán para ser bautizado por Juan. El agua es, pues, esencial para el bautismo.
  2. Mucha agua. “Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados (Juan 3:23). Nótese bien que Juan estaba bautizando, no predicando, porque allí había mucha agua. El bautismo requiere, por tanto, mucha agua.
  3. Ir al agua. Invariablemente, en el Nuevo Testamento, la persona que iba a ser bautizada tenía que ir al agua; nunca se menciona que el agua fuera llevada al bautizado. Del bautismo de Juan se dice: “Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados” (Mateo 3:5, 6; ver Hechos 8:36).
  4. Meterse o entrar al agua. La Biblia enseña que la gente, no sólo fue, también se metió en el agua. Hechos 8:38 dice, concerniente a Felipe y el eunuco: “Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó”. Fue un acto que requirió que tanto el bautizante como el bautizado estuvieran dentro del agua.
  5. Salir del agua. Marcos narra que después de que Jesús fue bautizado, cuando “subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma descendía sobre él” (Marcos 1:10). Lucas describe en Hechos 8:39, “Cuando subieron (salieron) del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y el eunuco no le vio más. Y siguió gozoso su camino”.

    De todo esto podemos concluir que el bautismo fue un acto que requirió (y requiere aún) mucha agua, que el candidato fuera al agua, se metiera en ella junto con el bautizante y, después, saliera. Las Escrituras declaran, pues, definitivamente, que la inmersión en agua es el bautismo del Nuevo Testamento.

B. El símbolo del bautismo. Siendo que el hombre vive en un mundo físico, Dios ha dado actos o mandamientos físicos para enseñarle la verdad espiritual. Esto se aplica al bautismo. El bautismo no es sólo un acto físico, es también un acto con sentido espiritual.

  1. El bautismo es semejanza de una sepultura y una resurrección. En Romanos 6:1–5 notamos este gran significado espiritual.
    El bautismo es un drama que representa dos actos significativos. Pablo dice en Romanos 6:3, 4: “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”. La muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo por los pecados del hombre son los eventos más grandes de toda la historia. Dios quiso que el hombre nunca lo olvidara; por eso le dio el acto del bautismo. Siempre que observemos un bautismo, debemos notar, antes que nada, a Cristo muriendo en la cruz, sepultado en la tumba de José y resucitando al tercer día. Esto recuerda constantemente al cristiano que Jesús le amó y dio su vida por él.

    La otra figura que se puede ver en el bautismo es que el individuo que ha muerto al pecado por medio de la fe y el arrepentimiento es sepultado en la tumba acuosa del bautismo. El viejo hombre de pecado, habiendo sido crucificado, es ahora sepultado y separado del creyente arrepentido. El bautismo es la sepultura del viejo hombre de pecado. Esta persona es bautizada en Cristo, es añadida a él y unida a él; es concebida una persona nueva por Cristo para caminar en vida nueva.
    Ninguna acción, excepto la inmersión, contiene todo este rico simbolismo. Un propósito del bautismo es glorificar a Cristo; pues por medio de él recordamos constantemente su sacrificio y su resurrección. Tratar de cambiar la inmersión por cualquier otro tipo de acción, no solamente se desvía del plan de la Escritura, sino que roba a Cristo el honor que sólo él merece.

    El profesor J.W. McGarvey, en relación con esto, escribió: Cuando estuve en Palestina, si hubiera encontrado, sin lugar a dudas, el sepulcro de José, donde fue colocado el cuerpo del Salvador, donde permaneció hasta la mañana de la resurrección, podría estimar tal escena muy por encima de todo lo que he visto. Me hubiera gustado ir y tenderme en la roca desnuda, tener unos amigos que rodasen una piedra a la entrada de la tumba, y poder entender enteramente la sepultura de mi Salvador. Claro que no podemos hacer eso, ni se nos permitiría; pero en el acto del bautismo podemos hacer algo semejante: Al ser sepultados en una tumba de agua, en obediencia a su mandato, dejamos que el agua se cierre sobre nuestro cuerpo y, como ya estamos muertos, somos levantados de la fría tumba por el brazo fuerte del siervo de Dios y empezamos a andar en vida nueva, como él caminó en vida nueva cuando resucitó de la muerte. (Cowden, Adoración Cristiana, pp. 220, 221).
  2. El bautismo es una figura de un nacimiento. En Juan 3:5 Jesús dijo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”. Las Escrituras enseñan que el cristiano es una nueva criatura, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). El acto del bautismo expresa este significado. Pablo se refiere al bautismo como “el lavamiento de la regeneración” (Tito 3:5 RVR 60) o “lavó nuestros pecados, nos hizo nacer de nuevo” (Tito 3:5 Castillian). El cristiano es engendrado o concebido por el Espíritu Santo por medio de la palabra de Dios. En el acto de la inmersión la figura del nacimiento resalta bastante clara.

C. El significado de la palabra griega. El idioma griego, que es el idioma original del Nuevo Testamento, es preciso y correcto. Muy rara vez una palabra es usada para expresar más de un significado. Tal es el caso de la palabra que se traduce por “bautismo”, que en griego es baptizo y ésta a su vez significa “sumergir, sumir en agua”. Esto no lo puede negar ninguno que sea estudiante honesto de la Palabra.
Si Jesús hubiera querido decir “verter”, habría usado ekcheo que es lo que significa. Si hubiera querido decir “asperjar o rociar”, habría usado otra palabra, rantizo. No hay duda de que Jesús ordenó la inmersión; ya que tanto él como los apóstoles usaron la palabra baptizo, esto es sumergir.
De nuestro estudio concluimos que los mandamientos de la Escritura en cuanto al acto del bautismo y su símbolo tomaron forma de la palabra griega que Cristo usó; y todo indica que el bautismo es una inmersión.

Fuente: Denver Sizemore, Lecciones de doctrina bíblica, vol. 1 (Joplin, MO: Literatura Alcanzando a Todo el Mundo, 2002), 46–48.

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